
Ya no quiero interpretar,
ni quiero esperar ansioso
la palabra verdadera,
ni la mentira piadosa,
ni muchos menos
los puntos suspensivos.
No me interesa
un sueño dentro de un sueño,
ni el espejo de Sofía,
ni la soledad asediada
por preguntas y respuestas.
Ya no espero ni busco ni encuentro
el mes de abril ni el unicornio azul,
ni la Gran Caravana de Tikdabra.
No deseo la cordura
para perderla a propósito,
no quiero una obra
de actores sobre actores
ni de intereses creados.
Ya no importa el destinatario,
escribo sin escribir el remitente,
ya no persigo entre letras
la huella de un ser intermitente.
Aún faltan las palabras,
pero ya no sobran los silencios,
ni se equivoca la mirada
si al cerrar los ojos
de súbito hallo un hogar.

