jueves, 14 de mayo de 2009

El amor


Le aseguro señor notario
que la verdad es mentira:
el amor real es una tragedia.

El deseo no conoce horario,
ni se doma como el caballo,
ni se pierde como el dinero.

Señor notario, le confieso,
el crimen jamás perfecto
es negar que estamos vivos.

La ilusión de hallarse muerto
es un dogma en desarrollo:
hay vanidad en desvanecerse.

Encuentro, señor notario ario,
una pasión que no corresponde
al encantamiento de no ser.

En la clavija que fija mi palabra
a la voz de su dulce invitación,
fijo que me finjo en la sonrisa

si es que yo decido no atinar
para perderme en juegos tontos:
¡Vaya cruel forma de renunciar!

Pero lo cierto, entre lo incierto,
señor notario, amigo sin salario,
es que la palabra allí se queda;

presta, dispuesta y extensa,
desvaría y goza su variación,
pero no se pierde y se escucha:

El amor es así, mentira mentirosa,
verdad verdadera, y también combinación:
el amor es hallarse vivo en algún lugar.