
Cuando la ausencia no respete la efeméride,
y el tiempo doblegue el deseo de felicidad,
imponiendo su voluntad y su reino de nostalgia,
y se extravíe el eco de voces pasadas,
y la música dibuje recuerdos en la pared
sin permiso ni aviso, sólo porque si.
Cuando súbitamente sintamos el abandono,
nos hallemos huérfanos en este mundo grande,
y nos hiera sin hierros la mano del destino.
Nos embarcaremos en una canasta,
y emprenderemos un viaje hacia la soledad
rompiendo el espejo para matar la dualidad.
Tal vez nos coman o nos cuiden los lobos,
entremos en tiempos de guerra y tiempos de paz.
Quizás, al vernos solos, fundemos una ciudad.
Cuando la ausencia no respete la efeméride,
y el destino contradiga el capricho de ser hijos,
a lo mejor nos encontraremos juntos tú y yo.

