
Imprecisión es no atinar
a darte un espacio en mi cabeza
que, aún conteniendo la tristeza,
albergue también el mar.
Intolerancia es roer mis huesos,
sepultando entre muebles las migajas,
porque tu adiós me regala ecos
donde dura el sabor de besos y miradas.
Inimaginable para mí resulta el recorrido de tus pies
desde el paso en que marcháis hasta el otro en que volvéis;
ni hablar de aquello que tus ojos ven
si no soy yo quien te espera en el andén.
Imposible es prescindir de tus caricias,
imaginar quizás otras palabras sin tus verbos
o tolerar otra presencia sin tus prisas
y precisar, tal vez, mi deseo en otros cuerpos.
Imposible es querer sin ti,
tan difícil es amarte a ti.

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