domingo, 12 de julio de 2009

Silencio


Fue no hace mucho
cuando él te miraba
arrimado en el suspenso,
escondiendo las palabras,
secuestrando los sentidos,
y decía, entre líneas,
una verdad inadmisible.

Su voz era el murmullo de la Luna,
su mirada era el reverso de los sueños,
su roce te recorría erizando la piel
y sonreía burlando tu razón.

Te escondías en su seno,
escapabas de sus versos,
te arropabas con su capa;
eras junto a él un solitario.

Él te cocinaba las mentiras,
tú hurtabas de su inventario
un instrumento de muerte
y asesinabas el deseo.

Fue hace poco.

Lo callaste con otras voces,
amaste su discreto semblante
y su decidida obediencia.
Al servicio de tu corazón
fue testigo de tus impulsos,
fue cómplice del amor;
te arrojó a un mundo nuevo.

Curioso servidor,
anticipa la voz del amo,
se arrodilla a su palabra
y le presta su emoción.

¡Así es tu silencio!

Tiempo


¿Cuál es la medida del tiempo?
No son horas, no son minutos,
el tiempo al que me refiero
es un tiempo sin segundos.

Pero quiero saber, si es posible,
si la mirada que cautiva la mía
nace ya con fecha de caducidad
y saber así cuál día es mi último.

Es que me pregunto, recordando
aquél documental sobre el tiempo,
si la relatividad del viejo Einstein
no se llamaría para él Mileva.
Sí es cierto lo que él pensaba
que coinciden en un mismo plano
pasado, presente y futuro,
se explica que en ti vea continuidad;

porque tu mirada me desnuda
los recuerdos, reinventa mis
sueños, y concentra mi interés
en el castaño infinito de su seno.

¿Cuál es la medida del tiempo?
Es el disfraz de mi pregunta,
cuando realmente quiero saber
si también para ti soy eterno.