lunes, 19 de febrero de 2007

El vino


Retazos de plástico en cada rincón de la sala, la anatomía distribuida en piezas por toda la casa, y ese sonido odioso del vidrio roto a cada paso; supongo que después de todo era cierto… esta vez si te fuiste.

Sigo caminando y me doy cuenta, ahora lo entiendo; no sólo te fuiste, te llevaste todo. Cuando te vi por primera vez era yo el que jugaba con los retales de ficción a construir una fémina perfecta, una diosa para mí. Ahora fue tu turno de jugar, cuando no pude ni verte, hiciste una sola y última jugada; después de tantos años abrazando tu frío con mi espalda, te hiciste notar cuando tu ausencia adornaba mis paredes, cuando tu aroma fue lo único que quedó intacto, indestructible; jugaste a desarmar lo que tanto trabajo me costó ensamblar, quizás para que de una vez por todas entendiera que nunca nada estuvo realmente completo, y que por mucho que evitara un vacío, siempre falté yo, siempre falté; siempre hasta hoy, que estoy, cuando ahora faltas tú.

Sobre hoy diré mañana que no falté. Eso diré cuando te vea dispersa en mis paredes, cuando comprima tu realidad en un collage de partes que no se corresponden; cuando el vino se deslice por la copa y encuentre un nido en mis papilas, cuando abuse de su estancia y contamine mi pensamiento; cuando decida ir más allá y deje esparcida su amargura donde estaba el último recuerdo de tu dulzura. El vino es maldito, maldito hasta la última gota, porque su efecto me agota y me deja a merced del dolor; el dolor en el vino, vino cuando ella se fue.

No hay comentarios: